Vuelvo al blog: escribir me salva (y el péptido C merece que hablemos de él) | Sarai Rodríguez

Vuelvo al blog: escribir me salva (y el péptido C también necesita que hablemos de él)

Por Sara Rodríguez  ·  Junio 2026  ·  Categorías: Reflexiones, Diabetes y vida, Investigación

Hola. Sí, soy yo. La que lleva tiempo sin escribir por aquí y que, cada vez que abría el ordenador para hacerlo, acababa mirando el techo y cerrando el portátil como si no hubiera pasado nada. Pero hoy no. Hoy me siento, escribo y os cuento. Porque tengo cosas que decir. Muchas. Y porque, si soy honesta, me he dado cuenta de que echarle de menos a esto —al blog, a escribir, a vosotros— ha sido una señal bastante clara de que ya era hora de volver.

Así que empecemos por el principio: ¿dónde he estado? Pues en mil sitios a la vez, como siempre. Entre reels, colaboraciones, talleres, la vida con tres hijas, mis animales, y el no parar que caracteriza mi existencia, el blog quedó ahí, esperándome, sin quejarse, que los blogs son muy nobles. Pero yo lo notaba. Lo notaba en esa sensación de que había cosas que quería contar y que en un vídeo de treinta segundos no caben. Porque hay cosas que necesitan espacio. Palabras. Párrafos. Silencio alrededor.

Por qué escribir me hace sanar

Esto no es un titular bonito para que os quedéis a leer (bueno, también). Es la pura verdad. Escribir es, para mí, una de las formas más honestas de procesar lo que vivo. Cuando escribo, pienso. Cuando pienso, entiendo. Y cuando entiendo, me reconcilio con cosas que de otra manera se quedan atascadas ahí dentro, dando vueltas sin encontrar salida.

Vivir con diabetes tipo 1 implica una carga mental que mucha gente no ve. No se ve en las fotos, no se ve en los vídeos, no aparece en los análisis. Está en la cabeza. En el «¿cómo tengo la glucosa ahora mismo?» de las tres de la mañana, en el miedo a una hipoglucemia en el momento menos esperado, en la fatiga de tomar decisiones sobre tu cuerpo cada cinco minutos. Escribir sobre eso —sacarlo fuera, ponerle palabras— es terapéutico de una forma que no sé explicar del todo, pero que quien escribe entiende perfectamente.

«Escribir sobre la diabetes me ayuda a procesarla. No es queja, es comprensión. Hay una diferencia enorme.»

Y encima —esto lo descubrí poco a poco— a vosotros también os ayuda. Me llegaban mensajes diciéndome que se habían sentido identificados, que por fin alguien lo explicaba como ellos lo vivían, que leer tal entrada les había hecho llorar o reír o las dos cosas a la vez. Eso no tiene precio. En serio. Eso es lo que hace que hoy esté aquí escribiendo a las once de la noche en lugar de ver una serie.

El libro: Vivir sin Miedo

Si lleváis tiempo siguiéndome, sabéis que escribí un libro. Si sois nuevos por aquí, os lo cuento: se llama Vivir sin Miedo y en él conté cómo fue mi diagnóstico de diabetes tipo 1. No el diagnóstico clínico, el de los formularios y los médicos. El otro. El que nadie ve en las consultas: el miedo, la confusión, el «¿y ahora qué?», el proceso de aceptar que tu vida había cambiado para siempre y que aun así podía seguir siendo una vida buena. Bonita, incluso.

Escribir ese libro fue de las cosas más difíciles y más liberadoras que he hecho. Difícil porque hay que meterse en sitios oscuros de tu propia historia para contarlos bien. Liberadora porque, cuando los sacas fuera y los pones en papel, dejan de tener tanto poder sobre ti. No desaparecen, pero se vuelven más manejables. Más tuyos, de alguna forma.

Y lo que más me alegra —y lo que sigo recibiendo con una gratitud enorme— es que sigue ayudando a personas. Gente recién diagnosticada que necesita saber que no están solos. Familiares que quieren entender qué le pasa a su hijo, a su pareja, a su madre. Personas que llevan años con diabetes y que necesitan que alguien les diga «oye, que lo que sientes es válido». El libro sigue vendiéndose. Sigue llegando a quien lo necesita. Y eso me recuerda, cada vez que lo pienso, que escribir importa. Que las palabras importan.

Por qué vuelvo al blog ahora

Las redes sociales son maravillosas. Os lo digo en serio, no con sarcasmo (bueno, quizás con un pelín). Me han dado cosas increíbles: comunidad, visibilidad, amistades reales, la posibilidad de llegar a muchísima gente que de otra forma jamás habría conocido. Pero también tienen su cara B, y este verano me ha dado por mirarla fijamente.

El ritmo de las redes es agotador. No voy a descubrir nada nuevo diciéndolo, pero a veces hay que pararse a reconocerlo en voz alta. El algoritmo pide contenido constante. Los reels tienen que ser cada vez más cortos, más llamativos, más entretenidos. El engagement, las visualizaciones, los seguidores… todo es una carrera que nunca termina. En esa velocidad constante, es fácil perder de vista por qué empezaste.

Yo empecé esto para hablar de diabetes. Para normalizar, para informar, para acompañar. Y sigo haciéndolo, claro que sí. Pero necesitaba un espacio donde el contenido no tuviera que durar menos de noventa segundos. Donde pudiera desarrollar una idea sin pensar en el ritmo de corte. Donde vosotros pudierais leerme con calma, sin que os aparezca otra notificación encima.

El blog es ese espacio. Siempre lo ha sido. Y este verano, con algo más de tiempo, con las noches más tranquilas y la cabeza algo más despejada, vuelvo. No os prometo un post cada semana porque sería mentiros. Pero sí os prometo que cuando escriba, será real. Y largo. Y mío del todo.

La competencia, la concurrencia y la gente que merece la pena

Hay otra razón por la que quería volver a escribir, y tiene que ver con algo en lo que llevo tiempo pensando: la diferencia entre competencia y concurrencia.

En el mundo de las redes sociales —y en nuestro entorno en particular— hay personas maravillosas. Gente que hace un trabajo increíble divulgando, acompañando, visibilizando. He tenido la suerte de conocer a algunas de ellas, de hacerme amiga de verdad, de saber que puedo contar con ellas cuando lo necesito. Eso es concurrencia: ir juntos hacia el mismo sitio, sabiendo que el espacio es grande y que todos podemos caber.

Pero también existe la otra versión. La que mira a los demás como rivales. La que celebra los tropiezos ajenos o simplemente no celebra los logros de nadie más. La que construye su espacio achicando el de los otros. Eso es competencia. Y es una pérdida de energía enorme, además de ser bastante triste.

Yo hace tiempo que decidí quedarme en el primer grupo. No siempre es fácil. A veces te llegan cosas que duelen o que indignan. Pero al final, la energía que gastas mirando qué hacen los demás con envidia o con recelo es energía que le quitas a lo tuyo. Y lo mío me importa demasiado como para distraerme.

«No creo en la competencia. Creo en la concurrencia. Hay espacio para todos los que venimos a sumar.»

El péptido C: la pieza que falta en nuestra insulina

And now viene algo serio. Algo que llevo tiempo queriendo contar bien, con el espacio que merece, y que en un reel de treinta segundos no cabe de ninguna manera.

Estoy apoyando, junto a DCRA y la Asociación Valenciana de Diabetes, una iniciativa para pedir que se investigue más y mejor sobre los beneficios del péptido C y lo que podría suponer incorporarlo a la insulina que usamos las personas con diabetes tipo 1.

Para quien no sepa qué es el péptido C, lo explico de forma técnica pero sencilla: cuando el páncreas produce insulina de forma natural, no produce solo insulina. Libera lo que se llama proinsulina, que se divide en insulina y péptido C en cantidades equivalentes. En un organismo sin la condición, por cada molécula de insulina liberada, va una de péptido C. Siempre operan en perfecta sinergia.

¿Qué ocurre con la insulina exógena que utilizamos? Que se administra de forma aislada, sin el péptido C, dado que las fórmulas sintéticas actuales no lo incluyen. Llevamos décadas asumiendo que suplir la insulina era suficiente, considerando el péptido C como un mero residuo biológico sin funciones activas.

Sin embargo, la evidencia científica más reciente demuestra lo contrario. El péptido C ejerce funciones biológicas propias fundamentales: interviene en la protección del sistema nervioso, posee propiedades antiinflamatorias, favorece la salud microvascular y renal, y resulta clave para prevenir complicaciones crónicas derivadas de la diabetes tipo 1, las cuales impactan directamente en la calidad de vida a largo plazo.

«La insulina que nos inyectamos no incluye péptido C. Y la evidencia científica sugiere que eso podría importar mucho más de lo que pensábamos.»

¿Por qué no se potencia su desarrollo? Al no tratarse de un compuesto fácilmente patentable en su forma básica, el interés de financiación por parte de los grandes laboratorios tradicionales es limitado. Esto ralentiza de manera notable los ensayos clínicos.

Por ello, el objetivo de esta iniciativa es exigir recursos públicos e institucionales destinados a una investigación sólida. Necesitamos comprender a fondo el impacto de integrar el péptido C en los tratamientos actuales para mejorar el pronóstico y la salud de nuestra comunidad.

Esto es ciencia respaldada por datos clínicos rigurosos que demanda visibilidad y acción colectiva. Desde esta ventana, seré un altavoz firme para conseguirlo.

En las próximas publicaciones desglosaré al detalle la literatura científica, los estudios clínicos de referencia y los pasos exactos que estamos dando para impulsar esta propuesta institucional.

Lo que viene

He dicho que vuelvo y vuelvo. Ya sé que eso lo dicen muchos blogs y luego el siguiente post es de tres años después. Pero yo tengo temas. Tengo ganas. Y tengo este verano con un poco más de espacio mental para hacerlo.

El próximo post va a ser sobre algo que me marcó profundamente. Algo que, de hecho, fue el motivo por el que empecé con todo esto. Por el que abrí mi cuenta, expandí mis contenidos y escribí el libro. Un tema que llevo tiempo queriendo abordar aquí, en el blog, con el espacio y la profundidad que merece. No os adelanto más, pero si lleváis un tiempo siguiéndome, igual ya intuís de qué va.

Hasta entonces, gracias por seguir aquí. Por leer. Por ser la razón por la que sigo haciendo esto.

Os leo en comentarios. Y si queréis contarme algo —lo que sea, que para eso estamos— sabéis dónde encontrarme.

Con mucho cariño,

Sara Rodríguez 🩵

Etiquetas:diabetes tipo 1blog diabetespéptido Cpéptido C insulinainvestigación diabetesvivir con diabetescomplicaciones diabetescomunidad diabetesdiabetes EspañaVivir sin Miedodivulgación diabetes

sarai y el peptido c

1 comentario en “Vuelvo al blog: escribir me salva (y el péptido C merece que hablemos de él) | Sarai Rodríguez”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio