primer-mes-runner-diabetes

Si alguien me hubiera dicho hace unos meses que en diciembre estaría corriendo —sí, en pleno frío, con bufanda mental, glucosa impredecible y cero experiencia previa— probablemente me habría reído bastante. Yo, runner. Yo, la misma que decía “correr solo si me persiguen”. Pero aquí estoy, 30 de diciembre, cerrando mi primer mes como corredora con diabetes tipo 1.
No soy experta. No tengo marcas que enseñar. No sé correr rápido ni hacer técnica ni entender el lenguaje de los runners profesionales. Pero tengo algo mejor: tengo la verdad de empezar desde cero.
Porque correr con diabetes no es solo poner un pie delante del otro. Es gestionar miedo, curvas, bajadas inesperadas, sensores que deciden sonar en el minuto tres y esa mezcla entre orgullo y susto que aparece cuando haces algo que jamás imaginaste que harías.
Y sobre todo, correr con diabetes es descubrir una versión de ti que quizá no conocías: una versión que puede más de lo que pensaba.
🏃♀️ Cómo empezó todo: un día cualquiera, una decisión pequeña
No hubo un momento épico. No hubo una canción inspiradora ni un discurso motivacional. Hubo una tarde normal, de esas en las que la mente está cansada y el cuerpo pide moverse. Y pensé: “¿Y si empiezo a correr… aunque sea un minuto?”
Así empezó: un minuto corriendo, un minuto andando. Que para mucha gente es poco, pero para mí fue un mundo. Porque lo difícil no era el físico, era el miedo:
- ¿y si me baja?
- ¿y si me sube demasiado?
- ¿y si el cuerpo no responde?
- ¿y si me rindo otra vez?
Pero ese día seguí. Y al siguiente también. Y al final, diciembre se convirtió en el mes donde descubrí algo inesperado: mi cuerpo puede hacer más de lo que mi miedo cree.
❄️ Correr en diciembre: frío, nieblas y glucosas que parecen un villancico desordenado
Empezar a correr en diciembre es un reto en sí mismo. Oscurece pronto, da pereza salir, cuesta calentar el cuerpo, y la diabetes, por si fuera poco, reacciona al frío como si estuviera aprendiendo un idioma nuevo.
Para mí ha sido un mes de:
- glucosas que bajan más rápido cuando corro con mucho frío,
- picos raros cuando salgo demasiado nerviosa,
- hipos que me pillan a mitad de ritmo,
- sensación de estar haciendo algo completamente fuera de lo conocido… y aun así querer repetir.
Lo bonito es que, en medio del caos, he encontrado una rutina que empieza a tener sentido para mi cuerpo y mi cabeza.
📉 Las bajadas: mi parte más vulnerable (y también la que más me enseña)
No voy a mentirte: las bajadas me dan miedo. Mucho. Y en mis primeras semanas corriendo aparecieron más de lo que me habría gustado.
Pero también me han dado la oportunidad de conocer mi cuerpo desde otro lugar. Una bajada ya no significa “lo estoy haciendo mal”, ahora significa:
“Esto es información. Ajustamos. Aprendemos. Y seguimos.”
Llevo siempre conmigo mi pequeño “kit runner con diabetes”:
- geles,
- caramelos,
- móvil con alarma,
- y un poco de paciencia para cuando toca parar.
Antes me frustraba. Ahora lo acepto. Porque correr con diabetes no es evitar todas las bajadas: es saber qué hacer cuando llegan.
🔥 Las subidas: el otro extremo del gráfico
Y luego están las subidas. Esas que llegan cuando salgo demasiado nerviosa, cuando como algo que tarda en absorber, o cuando mi cuerpo decide que hoy la adrenalina va por libre.
Las subidas me agotan mentalmente, porque siento que corro contra un muro. Pero este mes he dejado de luchar contra ellas como si fueran un enemigo. No lo son. Son parte del aprendizaje.
Ajusto, espero, sigo. Y si ese día no puedo correr más… camino. Y eso también cuenta.
🏃♀️ Lo que realmente me ha enseñado mi primer mes corriendo
Diciembre no ha sido un mes perfecto. Pero ha sido un mes verdadero. De esos que te cambian el discurso interno.
Estas son mis lecciones reales:
1. Empezar desde cero también es empezar
A veces nos da vergüenza ser principiantes. Pero qué regalo es permitirse aprender algo nuevo.
2. El cuerpo es más fuerte de lo que pensamos
No hablo solo de músculos: hablo de resiliencia, de adaptación, de capacidad para sorprendernos.
3. La diabetes no te limita: te obliga a conocerte mejor
Tengo que prever, ajustar, detenerme y volver a arrancar… pero sigo avanzando.
4. No hay que correr rápido, hay que correr presente
Estoy aprendiendo a escuchar mi respiración, mi ritmo, mis sensaciones.
5. Las pequeñas victorias cuentan (mucho)
Un entrenamiento que sale bien, una gráfica estable, una distancia que antes no podía… todo suma.
🌟 Y, sobre todo: correr me está devolviendo algo que creía que había perdido
Me está devolviendo confianza. Me está devolviendo sensación de control sobre mi cuerpo (del bueno, no del obsesivo). Me está devolviendo la idea de que puedo hacer cosas difíciles aunque me den miedo.
Porque correr con diabetes no es solo deporte: es volver a encontrar tu fuerza en los días en los que pensabas que no te quedaba ninguna.
💬 Lo que espero del próximo mes
No espero correr rápido. No espero hacer grandes distancias. No espero convertirme en runner profesional de un día para otro.
Espero:
- seguir constante,
- seguir escuchándome,
- seguir mejorando sin prisa,
- y seguir teniendo paciencia cuando el cuerpo me pida parar.
Y espero llegar a ese 10K, cuando toque, con esta versión más amable de mí.
📬 Si tú también quieres empezar a correr (o a hacer algo nuevo) con diabetes
Mi consejo es simple: no esperes sentirte preparada.
Empieza como yo: un minuto. Luego otro. Luego otro.
Da igual si parece poco. Da igual si te da miedo. Da igual si tienes que parar tres veces. Lo importante no es el ritmo: es que te estás moviendo.
Si quieres acompañarte conmigo en este proceso, puedes unirte a mi newsletter de los martes, donde comparto mis avances reales, mis errores, mis ajustes y mis pequeñas victorias.
Este ha sido mi primer mes. El primero de muchos. Y te prometo que, con miedo y todo, ha merecido la pena.
Por Sarai Rodríguez Lecuna · @diabetesconsarai