Cosas que me ha enseñado la diabetes este año (y no sabía que necesitaba escuchar)

Hay años que no se olvidan. No porque hayan sido perfectos, sino porque te han puesto delante un espejo que no esperabas. Y este año, para mí, ha sido uno de esos. Un año donde la diabetes no ha sido solo una condición médica, sino una maestra insistente, de esas que no paran hasta que aprendes la lección.

Mientras escribo esto —11 de diciembre, frío fuera, luz cálida dentro— pienso en todas las veces que este año me senté con la glucosa baja, alta, estable o impredecible, y me repetí: “Tranquila, Sarai. Respira. Estás aprendiendo.”

Hoy quiero compartir esas lecciones. Las que me han cambiado. Las que me han dolido. Las que no sabía que necesitaba escuchar. Las que quizá también te sirvan a ti.

💙 1. Que no puedo controlarlo todo (y tampoco tengo que hacerlo)

Este año he entendido una verdad incómoda: por mucho que me esfuerce, hay días en los que la diabetes se mueve a su ritmo.

Y eso, al principio, duele. Porque te deja con la sensación de estar fallando. Pero no es un fallo: es fisiología. Es vivir con un cuerpo que hace lo que puede, no lo que tú quieres.

La lección ha sido esta: no controlo todo, pero sí puedo decidir cómo reacciono. Y esa decisión —esa calma que eliges cuando quieres gritar— también es autocuidado.

🌿 2. Que el cansancio emocional también cuenta

Este año acepté algo que llevaba mucho tiempo evitando: el cansancio de la diabetes no siempre es físico. Muchas veces es emocional.

Es ese desgaste de pensar 24/7. De evaluar cada comida. De calcular insulina. De anticipar imprevistos. De revisar tendencias. De querer hacerlo bien, siempre, incluso cuando estás agotada.

Pero entendí que aceptar ese cansancio también es autocuidado. Que decir “hoy no puedo más” no te hace débil: te hace humana. Que descansar no es rendirse, es recuperarse.

✨ 3. Que poner límites es un acto de salud

Este año aprendí a decir “no”. “No voy a esa cena si no me siento bien”. “No voy a fingir que estoy perfecta si no lo estoy”. “No voy a justificar cada número del sensor”.

Y qué liberador ha sido.

Porque vivir con diabetes también implica protegerse. Y poner límites —a personas, a situaciones, a expectativas— no es egoísmo: es supervivencia emocional.

🏃‍♀️ 4. Que el cuerpo puede más de lo que creía

Si alguien me dice hace un año que iba a empezar a correr para preparar mis primeros 10K… me habría reído. Pero aquí estoy: entrenando, escuchando a mi cuerpo, y descubriendo algo precioso:

“No corro contra la diabetes. Corro con ella.”

Correr me ha enseñado que mi cuerpo responde. Que no está roto. Que no está limitado. Que con paciencia y cuidado puede sorprenderme.

Esta lección ha sido una reconciliación. Un reencuentro conmigo misma.

🧠 5. Que el lenguaje importa más de lo que parece

Este año confirmé algo que llevo meses diciendo en mis talleres y redes: la forma en la que hablamos de la diabetes cambia cómo la vivimos.

Dejé de decir “estoy mal” para decir “mi glucosa está rara hoy”. Dejé de decir “mi cuerpo falla” para decir “mi cuerpo responde a algo”. Dejé de decir “lo estoy haciendo fatal” para decir “hoy ha sido un día complicado”.

Y eso, aunque parezca pequeño, cambia mucho. Porque el lenguaje puede curar un poquito, o puede herir un montón.

💛 6. Que pedir ayuda también es valentía

Este año pedí ayuda más veces de las que quiero admitir. A mi familia, a mis amigos, a profesionales sanitarios, incluso a desconocidos cuando me sentía insegura.

Y descubrí que pedir ayuda no es perder el control: es compartir el peso.

Vivir con diabetes es más fácil cuando no lo haces sola. Y aunque soy muy independiente, este año aprendí a abrir la puerta a quienes querían acompañarme.

🌙 7. Que descanso no es lujo: es tratamiento

Dormir bien en diabetes es casi como tener poderes. Y también es una misión imposible algunos días.

Este año integré algo que cambió mis noches: la calma nocturna también se entrena.

En lugar de irme a la cama revisando correos o mirando glucosas con ansiedad, empecé a crear rutinas de presencia, de respiración, de lectura suave.

Y lo más curioso: cuando calma tu mente, muchas veces también se calma tu glucosa.

🌧️ 8. Que puedo tener días malos… sin convertirme en ellos

La diabetes tiene días de montaña rusa. Días en los que parece que nada cuadra. Días donde todo lo que haces está mal. O eso te dice la cabeza.

Pero este año aprendí algo esencial:

“Un día malo no define una semana. Una racha no define un año. Una glucosa no define quién soy.”

Esta frase me ha salvado muchas veces. Y espero que también te sirva a ti.

🌟 9. Que la diabetes tiene cosas difíciles… pero también luz

Y esto es importante decirlo. Porque solemos hablar mucho del peso, del cansancio, del miedo. Pero este año también me trajo:

  • personas nuevas, preciosas, de la comunidad;
  • momentos de orgullo al ver mis avances;
  • una presentación de libro que me cambió;
  • la oportunidad de acompañar a otros;
  • y una fuerza que no sabía que tenía.

La diabetes no es luz, sí. Pero la luz que nace de aprender a convivir con ella… es real.

🎁 10. Que incluso lo difícil puede transformarse

Este año escribí, lloré, aprendí, enseñé y me mostré vulnerable como nunca. Y cada paso, incluso los que dolieron, me llevó a un sitio nuevo: a una versión de mí un poco más calmada, un poco más fuerte, un poco más libre.

La diabetes me ha hecho parar, cuestionar, sentir, aceptar y cambiar. Y aunque no siempre es fácil (ni bonito), hoy puedo decir algo sin miedo:

“Este año la diabetes me ha enseñado más de lo que me ha quitado.”

📬 Si quieres seguir este camino conmigo

En mi newsletter de los jueves comparto aprendizajes reales, reflexiones emocionales y herramientas para vivir la diabetes con menos miedo y más calma.

Ojalá estas palabras te hayan acompañado un poquito hoy. Gracias por estar al otro lado.

Por Sarai Rodríguez Lecuna · @diabetesconsarai

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